Reflexiones, relatos y fragmentos de fantasía. Un rincón donde comparto mi proceso creativo, mis lecturas y los secretos que se esconden tras las historias que escribo.

  • ¿Y qué hay de la segunda parte?

    La pregunta que más leo y escucho superando por los pelos a la recurrente… «¿Otra vez la tapa del váter levantada?”». Así las cosas, me preocupa más la primera cuestión que la segunda (que tampoco es baladí).

    ¿Dónde, pues? ¿Dónde estamos? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Pues luchar; luchar mucho. Y no sé si es suficiente…

    El mismo mes que nació mi primera novela, nació también una niña muy especial, y las reglas que regulaban mi espacio-tiempo se quebraron. Ahora, y muy poco a poco, estoy recuperando la rutina, reengrasando la maquinaria…

    Más o menos.

    Mi rutina familiar no me permite catar colchón hasta eso de las doce, y a las seis el despertador clama para que me ponga a escribir, lo que sea. Y luego, al trabajo, al real, al que me da de comer. Es decir, prescindo de dormir para escribir. Todos los días. Y creedme, es duro, muy duro. Pero insisto: no sé si es suficiente. La palabra «suficiente» empequeñece cuanto más grande es la tarea, y siento que la mía es titánica.

    Aunque también fascinante.

    La segunda parte de Crónicas eturias está creciendo en estructura y documentación. Tengo los personajes, un esbozo bastante completo de la historia, toneladas de lore de las nuevas naciones que tomarán partido, etc. Y sí, todo eso está genial, pero necesito algo más, algo importante, antes de volcarme a tiempo completo en esa segunda parte. Hablando con franqueza, necesito una base, un público que justifique mi trabajo; saber que lo que escribo, todas las horas frente al teclado, mi mensaje, va a llegar a la máxima gente posible; saber que todo esto tiene un sentido, que tal vez algún día pueda llamarme «escritor».

    Lo he dicho en más de una ocasión: escribo para que me lean. Y por eso, porque necesito más lectores, estoy escribiendo un libro corto y asequible para todos los relojes, con mucho o poco tiempo: un libro de relatos. Estarían estos ambientados en el mismo universo que mis Crónicas, serían de lectura independiente y aportarían información, tanto a nivel de trama como de lore, a la saga principal.

    Pero es que además, me apetece escribirlos.

    Cada relato, cada historia, es una aventura en sí misma, un divertimento, una oportunidad para volver a empezar, para recordarme cómo nació la trilogía que tengo entre manos. Porque debéis saber que las casi ochocientas páginas de la primera parte (y las que vendrán) nacieron, sí, de un relato, una breve historia «estilo Conan» que decidí escribir un buen día por simple diversión… Y se me fue de las manos. Dicho relato lo tengo a buen recaudo, donde nadie más que yo ha podido leerlo, hasta ahora. Haré las mínimas adaptaciones que requiera para incluirlo como una historia más del nuevo libro.

    Del cual, por cierto, no he decidido el título.

    Tengo un puñado de ellos en mente, pero aún no lo veo claro. De lo que sí tengo certeza es del nombre de su protagonista: Adaír, un eturio peculiar, un guerrero sin espada, de memoria quebrada y diestra antinaturalmente poderosa. Todos los relatos tratarán de enmarcar la evolución de este personaje, una progresión hacia alguna parte, una meta, componiendo un trasfondo común, una historia más grande que enlazará directamente con la trilogía, pues los hechos narrados en este nuevo libro ocurren antes de Crónicas eturias I. Lo que se dice una precuela, vamos.

    En resumen, todo cuanto puedo prometer es pasión y trabajo duro, pero no fechas. No porque crea que voy a tardar una barbaridad en escribir este nuevo libro, sino porque el pequeño (pequeñísimo) supersticioso que hay en mí no quiere gafar el lanzamiento con el anuncio de una fecha que el universo tratará de boicotear.

    Y esta es la verdad de dónde estamos. Siento no poder daros más.

  • Huida

    Un extracto de Crónicas eturias: luces y sombras

    A Elmsa se le daban mal muchas cosas, unas pocas regular y ninguna bien. Entre las regulares estaba montar a caballo: se entendía bien con Tánalan.
    Juntas iban esquivando las ramas de los abetos, sintiendo el roce de la brisa en sus pieles sin detener la rabiosa huida. Y podrían seguir cabalgando al sur día y noche; alejarse de Ur La Antigua para ir a algún lugar donde no hubiese ojos que las maldijeran ni manos que las maltratasen. Podrían contemplar el Muro y más allá, admirarse con las maravillas de esas tierras extrañas de las que tanto hablaba el señor Menestas.
    Sí, podrían. Pero Elmsa era demasiado cobarde para hacerlo.

  • Abercrombie y yo

    He terminado la trilogía de La primera ley… Y me parezco más a Abercrombie de lo que pensaba. 

    No había leído a este autor antes, y sin embargo, reconozco elementos en él que yo mismo he utilizado. Quienes me conocen saben que nunca he etiquetado mis Crónicas eturias como grimdark, sino más bien como fantasía épica, de esa un poco “sucia”, donde los caballeros de brillante armadura no brillan tanto y las palabras dejan entrever una realidad inclemente y gris; un color que surge de la combinación de luces y sombras, estas últimas, en ocasiones puntuales, bastante oscuras. Lo reconozco.

    Pero es justo ahí donde me doy la mano con Abercrombie. No puedo negar que la épica que escribo está impregnada de cierta negrura, que mi obra tiene al menos cierto “toque” grimdark, a mi entender necesario, para dotar de verosimilitud ese mundo antiguo que ha existido: duro, cruel, que no perdona a bondadosos e ingenuos.

    Y algunas escenas de mi primera novela son precisamente eso: duras pero necesarias; una advertencia al cordero que pretenda vestirse de lobo para codearse con la manada. No obstante, dichos pasajes oscuros no son demasiados, sino más bien puntuales, donde mi similitud con el autor británico llega como un torrente para irse igual de rápido, recordándonos que la épica la construyen personas de corazones ambiguos; malvados capaces de llevar a cabo actos virtuosos, y virtuosos capaces de llevar a cabo actos malvados.

    Llegados a este punto, debo decir que la trilogía de La primera ley me ha gustado. Mucho. Tres libros, cinco estrellas. Y como tal los he puntuado en Goodreads. 

    Es una obra coral, contada desde el punto de vista de seis personajes con sus claroscuros (y he aquí dos puntos de similitud más con mis Crónicas). Y ciertamente, también estamos hablando de fantasía épica, sí, con sus guerras e intrigas políticas, su magia antigua, sus viajes a ciudades imponentes y reinos enfrentados… Todos los ingredientes están ahí. 

    Pero hay uno que destaca por encima de los otros: La primera ley es puro grimdark, toda ella, en sus personajes y situaciones, en su explícita violencia, en la propia concepción cínica de la vida que se huele en cada una de sus páginas. 

    Donde otros autores buscan inspirar, Abercrombie quiere incomodar. Donde otros construyen héroes, él construye personas que no tienen siquiera por qué gustarte. Nadie es completamente bueno. Nadie es completamente malo. En este punto también rimamos como autores, desde luego.

    Y, fuera de cualquier expectativa, hay humor, ácido, afilado (sobre todo por parte de cierto señor lisiado), que puede aparecer en los momentos más oscuros. Los diálogos son brillantes, duelos de espada sin filo. 

    Y la ambientación acompaña perfectamente esa visión del mundo. No es una fantasía luminosa. El escenario que la contiene es áspero, desgastado por la historia, donde la política se ha impuesto históricamente a la moral y donde las victorias rara vez han sido tan limpias como aparentan. Todo se siente vívido. Imperfecto, en el buen sentido.

    En conclusión, no es una trilogía para quien busque héroes inmaculados o historias donde el bien y el mal estén claramente separados. 

    Tampoco para quien necesite finales reconfortantes. 

    Cuando terminé la trilogía no sentí satisfacción. Tampoco decepción, ni tristeza. Lo que quedó fue una especie de desazón; una sensación incómoda que me obligó a reflexionar sobre todo lo ocurrido. Y creo que es la sensación correcta, la que el autor pretende.

    Tal vez por eso La primera ley permanece en la memoria tras haber pasado su última página, porque uno no puede olvidar. No puede olvidar las injusticias presenciadas; las muertes absurdas; ese personaje del supuesto “bando de los buenos” con su terrible plan en favor de un bien mayor… Quienes hayáis llegado al final, sabréis a quién me refiero.

    En definitiva, Abercrombie te obliga a mirar de frente hacia una verdad incómoda: que los seres humanos somos capaces de albergar al mismo tiempo luces y sombras.

    Y los lectores de Crónicas eturias sabéis bien cuánto me gusta explorar precisamente ese territorio tan difuso, ¿verdad?

    Os dejo enlace por si os apetece darle un tiento:

  • En la frontera

    Un extrato de Crónicas eturias:luces y sombras.

    Y de pronto, ya no estaba rodeado. Los soldados retrocedían con el pánico reflejado en los ojos.
    ―¡Cargad las ballestas! ―gritó alguien, haciéndose oír entre el tumulto―. ¡Cargad, por Hiperio y por todos los dioses, cargad!
    Y en aquel momento, Ansur se percató de que las saetas habían dejado de silbar, pero supo también que pronto volverían a hacerlo.
    Habiendo dispersado al enemigo, levantó la vista hacia la puerta. Seguía abierta.

    Crónicas eturias: luces y sombras

  • Microrrelato – El resucitador

    El bueno de Juan nunca había sido muy listo. Se pasaba el día en el pequeño taller que había improvisado en el jardín de su casa, a la sombra de la misma encina bajo la que habían enterrado a su pobre madre. Siempre que yo pasaba por allí, el muy desdichado salía a saludarme, y me contaba entusiasmado que estaba construyendo un “resucitador”. Pobre muchacho, pensaba yo, malgastando su vida en algo imposible. Pero entonces vi aquella mano, huesuda, emergiendo de la tierra y meneándose en el aire hacia mí… Huelga decir que no me paré a devolverle el saludo.